jueves, 20 de agosto de 2009

En medio del monte


Alex, Marián y yo estamos en una aldea desierta perdida en medio del campo.  La única forma de llegar es por una carretera de tierra que en algunas circunstancias resulta impracticable.  Alejandro está durmiendo la siesta del borrego, y dentro de un rato, a comer...  ¡Y cómo!.  Quién iba a decir que este niño iba a comer literalmente a dos manos...

Le hemos puesto una piscinita fuera de la casa, para que se refresque en las horas de más calor. Pero como está hecho un mocetón del norte, incluso cuando cae la tarde y nos tenemos que poner algo de abrigo, el insiste en continuar con el baño...

No ve la televisión (no hay, y lo más cercano es poner alguna película en el ordenador, y eso sólo cuando oscurece), así que sus principales distracciones son la lectura (de acuerdo, aún no lee, pero pone mucha atención), incordiar todo lo posible al perro y darse largos paseos.  Si puede ser con su papá o su mamá, mejor.  Pero si no, él solito.  Así que tenemos que estar ojo avizor.

Tiene también una moto pequeñita.  No de esas que tienen batería.  Ni siquiera pedales.  Una que funciona "a pata".  Y antes de ayer tuvo su primer accidente de tráfico.  Le oí llorar.  Salí y le encontré a mitad de una cuesta.  La moto en el suelo y el sentado aobre una piedra, la cabeza entre las manos.  Le pregunté qué le había pasado.  "¡¡¡Broooom, pum!!!"  Todo escenificado.  Le dije:  "Súbete y te ayudo" "¡Nooooo!" "Bueno, papá sube contigo" "¡Nooooo!" "Pues subo yo sólo" "¡Nooooo!" "¿Qué pasa? ¿Es peligroso?" "¡Tííííííííííí!".  Al final le convencí y se subió, aunque con cuidado.  Ya no se volverá a caer, al menos en el mismo sitio.  Y no le ha cogido miedo a la moto.  Cómo tampoco le ha cogido por ahora miedo a la oscuridad, aunque cada ruido extraño que oye nos hace guardar silencio, señala su oido con el dedo y nos da una explicación de lo sucedido.  Que le entendamos o no, es nuestro problema.

Ayer vinieron dos amigos con su hija de tres años.  Fué un día estupendo para los adultos, pero los niños disfrutaron de lo lindo.  La capacidad de comunicación que tienen es envidiable.  Y la falta de sutilezas.  Van a lo que van y lo que quieren lo dicen sin tapujos.  No se preocupan del qué dirán, y aunque a veces puedan hacer algo que está mal (como acariciar a la otra personita con tanto ardor e ímpetu que llegan a tumbarla) no dudan en pedir disculpas a su manera...  

Hala, otro día  más.

4 comentarios:

Barbarella dijo...

Ya veo que ete ìsito blog se está redecorando, me gusta cómo quedan los muebles en el salon.
Respecto a la entrada, los pequeños se comunican mejor, es cierto...no creo que es que vayan a lo suyo..sino que se centran en cosas más importantes: JUGAR.
uN SALUDO A LOS TRES.
B.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Hola, la página de Barbarella me trajo aquí y me gustó. Son tan geniales los Babys... Un gran beso y sigue contando esos avances, así Lady Jones, o sea, yo misma, toma nota para lo que viene encima...

Barbarella dijo...

Toc toc
Hay alguien ahí?
Porfa Alex, dile al papa que vuelva a escribir.
Un besito.
B.

Nacho dijo...

Ya estoy de vuelta, B. Me quedé sin internet. Tanto es así que ahora he podido publicar la entrada que escribí hace más de dos semanas. Pero prometo seguir. Y gracias a ti"Un saxofonista en mi salón azul" por tu comentario. Sí, son geniales.