miércoles, 5 de enero de 2011

Desde el hospital

Hola, Alex.  Como ya sabes, estoy malito, y por eso no podemos estar juntos en casa.

Lo que no sabes es que lo que he tenido es un infarto y que me han hecho un cateterismo.  Lo hice todo de libro, y por eso sigo contigo, y por muchos años.  Por que si llego a esperar dos o tres horas, al parecer no habría pasado el fin de año contigo (aunque separado por las paredes de la UCI) sino con el abu...

¿Sabes?  No tuve miedo en ningún momento por mi.  Era consciente de que podía morirme, pero no me daba miedo.  Lo que me daba miedo y una pena infinita era pensar en que os dejaba a mamá y a Marcos y a ti.  Y sobre me producía mucha tristeza el que esa mañana del treinta de diciembre, justo esa mañana, te vi tan dormidito y tan feliz que no quise darte un beso por no despertarte...  Siempre hay que dar un beso, por lo que pueda pasar.

Todo se conjugó para que saliera bien:  El ir al ambulatorio que tenía al lado en cuanto noté el fuerte dolor, el que el médico avisara a una ambulancia aunque en el electro sólo salía una taquicardia que podía deberse al susto, el que la médico de la SAMU no pusiera ninguna traba pese a que sólo pareciera eso, una taquicardia, el que fuera por la mañana y me hicieran inmediatamente el cateterismo.  El infarto fue, según palabras del médico, "cataclísmico", pero al hacerlo todo tan a tiempo, las células empezaron a recuperarse en su mayor parte, y de ser una lesión muy severa fue reduciéndose a una lesión aceptable...

En fin, Alex, que estamos a cinco de enero y aquí estoy, escribiendote y deseando que los Reyes Magos de Oriente te traigan muchas muchas cosas y muchísima felicidad.  Si las pruebas que me van a hacer dentro de un rato son positivas, esperaremos a Sus Majestades juntos en casa.

Has estado viniendo a verme, junto con Marcos, y diciendo a todos que tú me curarías.  Y que duda cabe que lo has hecho.  Tú, con tus ánimos, con tus deseos, trayéndome un cuento tuyo para que me distrajera (vale, y haciendo que te lo leyera tres veces, que es mucho leer tratándose de un cuento de pegatinas), con tu sonrisa y con tus besos.

Tu y Marcos habeis sido la alegría para mis dos compañeros de habitación y para mi.

No sé si mi vida cambiará, salvo el tipo de comida, por que es muy fácil decirlo y supongo que un poco más difícil hacerlo.  Pero sí se que estos días he apreciado mucho más todo lo que tengo.  Y en ello estáis en primer lugar mamá, Marcos y, por supuesto y por siempre, tú, mi querido Alex.

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