martes, 3 de abril de 2012

Todo cambia y nada cambia



Por fin volví a mi hogar dulce hogar.  Hace ya un año, qué barbaridad, cómo pasa el tiempo.

Pregunté al médico, poco antes de abandonar el hospital, a qué se podía deber el infarto.  No lo sabía. Que si fumara, por fumar.  Si bebiera, por beber.  Y así hasta el infinito.  Pero como no era el caso, pues no lo podía decir.

En cualquier caso, debía comer más sano, y tomarme las cosas con calma. Es más fácil decirlo que hacerlo. El cuerpo, lo que realmente te pide, es dejarlo todo y retirarte al campo, a vivir, leer, meditar, cultivar unas cuantas cepas...  Pero eso es imposible, al menos en mi situación.

Alejandro continua firme en su decisión de ser médico cuando sea mayor para curarme.  Y piloto.  Lo cortés no quita lo valiente, y ambas son profesiones que harán que, si se lo monta bien, sea la envidia de sus amigos.  Envidia sana porque, al fin y al cabo, él será el que les cure y los lleve volando al hospital si procede...

Marcos no dice nada.  

Se limita a trepar por los muebles hasta alturas de vértigo, a mostrar orgulloso las cicatrices naturales provocadas por esas
exhibiciones alpinas y a reírse con una risa tan contagiosa como la de su admirado hermano mayor.  Aún no se ha planteado su futuro, al contrario que este.

Estoy plof, pero eso parece que es debido al beta bloqueante que tomo.  Digo yo que también será debido a la crisis, a que
cosas que querría para mis bichos son como para pensárselas
tal como va la economía y que no sé qué hacer, y así una detrás de otra...  Vale, lo de parecer el Príncipe Vasili del famoso ballet de le Luthiers, así llamado por su caracter dubitativo, sí puede ser debido a la medicación...  Pensándolo bien, sí, seguro que es por eso.  O quizás no.  Yo qué sé.

La cardióloga no quería darme el alta, pero hay cosas que hay que hacer.  Y como de todas formas no podía desconectar del trabajo (primer y grave error), pedí a la inspectora el alta.  Alucinó por un tubo, pero me la dio.

Posteriormente tuve bronca de la cardióloga, como tocaba.  Pero bueno, salvo los pinchazos de rigor (dicen que por el stent coronario), me encuentro físicamente bien.  Así que, entre otros firmes propósitos para esta nueva vida, está el de continuar con este blog.  Y volver a contar las andanzas de Alex y su papanacho.  Con un agregado cultural, claro:  Marquitos.  A ver quién le dice que no...

viernes, 7 de enero de 2011

Y sigo...

En contra de lo que esperaba, aún estoy en el hospital.  Pero nos lo tomamos con sana alegría y buen humor.  Tengo un compañero de habitación, Agustín, que es un guasón de primera, y mano a mano nos reímos bastante...

Alex viene todos los días a verme, y le encanta subir a la cama y comprobar hasta dónde se puede doblar y cuánto puede subir (puede subir mucho, tanto que da un poco de vértigo).  Pregunta siempre si ya estoy bueno y no ceja en su empeño de curarme.  El único problema es que no se quiere ir nunca, y normalmente la visita termina con un espectáculo de variedades a su cargo.

Marcos sigue sonriendo a todo el mundo, sin distinción de edad, sexo, raza ni religión.

En el hospital encuentras gente maravillosa y gente que no lo son tanto, y en general es toda una experiencia.  Pero como toda experiencia, el abuso cansa.  Y deseo de todo corazón poder volver a casa lo antes posible, aunque allí me espere el desafío de la vida real.


miércoles, 5 de enero de 2011

Desde el hospital

Hola, Alex.  Como ya sabes, estoy malito, y por eso no podemos estar juntos en casa.

Lo que no sabes es que lo que he tenido es un infarto y que me han hecho un cateterismo.  Lo hice todo de libro, y por eso sigo contigo, y por muchos años.  Porque si llego a esperar dos o tres horas, al parecer no habría pasado el fin de año contigo (aunque separado por las paredes de la UCI) sino con el abu...

¿Sabes?  No tuve miedo en ningún momento por mi.  Era consciente de que podía morirme, pero no me daba miedo.  Lo que me daba miedo y una pena infinita era pensar en que os dejaba a mamá y a Marcos y a ti.  Y, sobre todo, me producía mucha tristeza el que esa mañana del treinta de diciembre, justo esa mañana, te vi tan dormidito y tan feliz que no quise darte un beso por no despertarte...  Siempre hay que dar un beso, por lo que pueda pasar.

Todo se conjugó para que saliera bien:  El ir al ambulatorio que tenía al lado en cuanto noté el fuerte dolor, el que el médico avisara a una ambulancia aunque en el electro sólo salía una taquicardia que podía deberse al susto, el que la médico de la SAMU no pusiera ninguna traba pese a que sólo pareciera eso, una taquicardia, el que fuera por la mañana y me hicieran inmediatamente el cateterismo.  El infarto fue, según palabras del médico, "cataclísmico", pero al hacerlo todo tan a tiempo, las células empezaron a recuperarse en su mayor parte, y de ser una lesión muy severa fue reduciéndose a una lesión aceptable...

En fin, Alex, que estamos a cinco de enero y aquí estoy, escribiendote y deseando que los Reyes Magos de Oriente te traigan muchas muchas cosas y muchísima felicidad.  Si las pruebas que me van a hacer dentro de un rato son positivas, esperaremos a Sus Majestades juntos en casa.

Has estado viniendo a verme, junto con Marcos, y diciendo a todos que tú me curarías.  Y que duda cabe que lo has hecho.  Tú, con tus ánimos, con tus deseos, trayéndome un cuento tuyo para que me distrajera (vale, y haciendo que te lo leyera tres veces, que es mucho leer tratándose de un cuento de pegatinas), con tu sonrisa y con tus besos.

Tu y Marcos habeis sido la alegría para mis dos compañeros de habitación y para mi.

No sé si mi vida cambiará, salvo el tipo de comida, por que es muy fácil decirlo y supongo que un poco más difícil hacerlo.  Pero sí se que estos días he apreciado mucho más todo lo que tengo.  Y en ello estáis en primer lugar mamá, Marcos y, por supuesto y por siempre, tú, mi querido Alex.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Desde Santo Domingo

Cómo pasa el tiempo…  La última vez tenía el firme propósito de escribir más a menudo, pero las circunstancias (y la pereza) lo han impedido.

Nació Marcos, el hermanito de Alex.  No se parecen en casi nada, salvo en su sonrisa y en lo cariñosos que son.

Ríen constantemente, y Álex cuida de su hermanito como si le fuera la vida en ello.

Alex está hecho un hombrecito de tres años, con todas sus virtudes y sus defectos.  Claro que un exceso de vitalidad no debiera considerarse un defecto, aunque resulte agotador.

Marcos es un carácter tranquilo, en comparación.  Aunque cuando llora, como su tono va in crescendo, acaba por meterse en el cerebro y uno llega a pensar en que peligra la integridad de los tímpanos…

Ahora nos encontramos en República Dominicana.  Hemos ven ido a ver a la familia y que conozcan, aquellos que aún no lo habían hecho, a las nuevas adquisiciones de la familia.

El tiempo no es lo que se esperaría del caribe.  Hace frío y llueve.  Pero esto es un paraíso.

Me siento feliz aquí y no puedo dejar de pensar en venirme a vivir.  Creo que los dos niños serían felices, aunque claro, eso es buscar la excusa.

Alex, desearía que siempre mantuvieras tu espíritu cariñoso, tu sonrisa y optimismo.  Esta mañana, a las siete, no querías levantarte (ni yo tampoco).  Aunque hacia rato que había amanecido, decías que aún era de noche.  Justo en ese momento han cantado los gallos y como si tuvieras un resorte te has puesto de pie y has gritado a toda voz: ¡¡¡¡¡ Cócoroco, cócoroco, ya es de día, ya es de dia, cocorocó, a levantarse todos, a levantarse todos!!!!!.




Cambia en tamaño, crece y madura, pero nunca, nunca, cambies en tu esencia más profunda.  Y transmite esa esencia a tu hermanito.  Que siempre seas un ser feliz y optimista, aunque la vida te de alguna bofetada que otra, que te las dará, pero confío en que siendo como eres sean menos que al común de los mortales, y que las sepas afrontar con tu forma de ser y salgas de ellas aún mas fuerte y feliz.  Este mundo necesita muchos niños como tú.  Y así llegarás, tal como acabas de decir, ¡Hasta el infinito y más allá!

martes, 9 de marzo de 2010

Carta a Alex

Hola, Alejandro:

Te preguntarás por qué te escribe tu papa, al que ves todos los días,  que te cuenta cuentos para dormir - el mismo cada noche, un cuento que me inventé un día sobre un coleccionista de pompas de jabón y que te gustó tanto que no dejas de pedirlo una y otra vez - que te baña, que juega contigo - posiblemente no tanto como debiera- y que a veces te dice, despues de un día de trabajo "Alex, que papá está muy cansado".  Al fin y al cabo, tu jornada laboral tampoco es manca...

Pero bueno, me estoy saliendo de madre.  El motivo de esta carta es que hace mucho tiempo que no escribo en este, mi blog.  Y no lo he hecho por dos razones, una que ya conoces bien y otra que no sé si la tienes tan clara.

La primera es que vas a tener un hermanito.  Y eso causó en el momento de enterarnos tal conmoción que se me olvidó incluso escribir...  Bueno, esto es broma.  Me encanta cuando acaricias la barriga de mamá, la señalas  preguntas mirándonos con curiosidad "¿hemanito?".  Y cuando, mientras barajamos un montón de nombres decides que el mejor, sin duda alguna, es "Hetor".  Este debiera ser consciente de lo importante que es para ti su amistad.  Sería formidable que de mayores la conservarais.  No hay sutilezas, preguntais el uno por el otro y cuando os veis correis el uno hacia el otro felices ofreciendoos sendos abrazos para, si procede, liaros a mamporros a continuación por una ligera discrepancia de pareceres...  Mamporros que se os olvidan al minuto (literalmente) y os poneis a jugar juntos, compartiéndolo todo, como esos dos amigos del alma que sois...  Pero bueno, lo cierto es que ese fue un motivo de que dejara de escribir.

Deseo de corazon que este cariño que sientes por tu futuro hermanito se mantenga, y tengo, para qué negarlo, una curiosidad infantil en averiguar cómo vas a "educar" a tu hermanito. 

La otra es que tu "Abu" Manuel ya no está.  En contra de lo que él temía en el hospital, que te olvidaras, lo tienes presente todos los días.  Una noche, cuando él se acababa de ir, te pregunté "¿Quieres darle un besito?".  Dijiste que sí, y entonces te propuse que lo mandaras al aire, hacia "rriba", porque seguro que le llegaría.  Así lo hiciste, y así lo sigues haciendo.  Creo que, como cuando rezas "Susito mi vida/ res como yo/tiero tanto/ te doy... mi arrós" (por que, seamos serios, dónde va a parar un corazón en comparación con el arroz, lo mas maravilloso, vital y formidable que hay en la vida, según tu honesto parecer), tu abu se debe partir de risa cada vez que le mandas uno de tus besos.

Si es dificil explicarse a uno mismo los porqués de perder a una persona querida, el hacerlo a un niño como tú se hace muy duro.  Pero de alguna forma me parece que sabes que, aunque tu abu no está contigo físicamente, lo sigue estando de mil y una maneras diferentes.  Y que, dado que desearía estar contigo mientras creces, lo va a hacer aunque tú no le puedas ver.

No, Álex, ahí se equivocó de medio a medio el abu.  Porque no le vas a olvidar, como tampoco él te va a olvidar.  Y cuando seas mayor, te seguiras acordando de él.  Y lo digo por experiencia.

Me alegro por vosotros dos.

Un beso muy fuerte de tu papá que te adora.

Nacho

miércoles, 30 de septiembre de 2009

A los padres que hablan de las nuevas generaciones

En casa de mis padres siempre hemos hablado durante las comidas, en plan "tertulia gastronómica". Y de vez en cuando surgen temas en los que no se está de acuerdo. Si no, sería un aburrimiento.

En una de ellas hubo un momento de "crisis" al hablar sobre los niños de hoy en día. A mi me parece que, efectivamente, nuestro sistema educativo tiene muchos fallos, pero no creo que los niños, en si, sean tan malos y perversos como algunas veces se nos hace ver. No creo que, en general, sean peores (ni mejores) que los de otras generaciones.

He visto gente que se queja de las faltas de ortografía de los chicos y chicas de hoy en día cuando ellos mismos cometían unas faltas que hacían temblar a la cultura...

Existe a veces una especie de amnesia selectiva sobre lo que se hacía cuando estabamos en el rango inmediatamente inferior al que ahora ostentamos (en vez de padres, eramos hijos. Como decía Mafalda ¿En qué otra jerarquia hace falta pasar veinte años (o cuarenta) para subir un grado en el escalafón?).

Creo que lo que pasa es que lo de los niños (y ya no tan niños) gamberros, y en ocasiones auténticos delincuentes es la excepción y no la norma, pero que algunos medios de comunicación, y en especial la televisión, sacan jugo de esas excepciones.  Se han convertido dichos medios en una especie de "El Caso" que dejaría a la prensa amarilla de antes convertida en periódicos serios...  Siempre se ha dicho que la noticia auténtica es que un niño ha mordido a un perro, no que un perro ha mordido a un niño.  Esto último es lo corriente.  Yo, personalmente, no conozco a ningún niño tan terrible, siempre ha sido a través del telediario o bien a través de algún conocido, normalmente profesor, al que le ha tocado lidiar con alguno.

El caso es que en uno de esos correos que recibo por internet, leí lo siguiente. He de cotejar las citas, aunque en esencia me las creo. (Hace tiempo recibí un correo más extenso, y con citas que llegaban hasta principios de siglo, pero ese no lo encuentro). Lo transcribo a continuación:

"CONFLICTOS GENERACIONALES


El médico ingles Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflictos generacionales, citando cuatro frases:


1). 'Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos'.


2). 'Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.'


3). 'Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos'


4). 'Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura'


Después de estas cuatro citas, quedó muy satisfecho con la aprobación que los asistentes a la conferencia, daban a cada una de las frases dichas. Recién entonces reveló el origen de las frases mencionadas:


- La primera es de Sócrates (470-399 a.C.)
- La segunda es de Hesíodo (720 a.C.)
- La tercera es de un sacerdote del año 2.000 a.C.
- La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (Actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia."


Realmente, no hay nada nuevo sobre la faz de la tierra.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Alex y el Cole

"Los dos años son el principio del fin" Peter Pan y Wendy

Y son el principio del fin porque es cuando todos los niños, salvo uno, se dan cuenta de que están creciendo. Yo a veces quisiera que el mio fuese ese niño, Peter Pan, y que nunca creciera...

La semana pasada Alex fué por primera vez al Cole. Creo que lo llevó mejor que nosotros, y en general no manifestó a la salida ningún tipo de "resentimiento". Bueno, los primeros días armó un poco de numerito, pero es normal: ¿Quién de nosotros no se enfadaría si de repente nuestra familia nos encerrara en un lugar extraño con gente extraña, sin habérnoslo consultado y sin tener claro si nos iban a venir a recoger o nos iban a dejar allí para siempre jamás? Por muy amables que fueran los vigilantes...

El segundo día tuvimos la presentación de la directiva y las profes. El director pedagógico era muy simpático, pero de repente dijo una frase que me dejó helado: "los niños nos manipulan desde que nacen". Luego lo intentó arreglar (sin conseguirlo) diciendo que no de forma consciente, sino por instinto de supervivencia. Lo primero que pensé fue que ese había sido el segundo y último día de Alex en ese colegio. Con posterioridad hablé con otros padres y (aún mejor) niños mayores, y estaban todos muy contentos, con lo que la neura se me fue. Un poquito.

La idea es que, como les dejemos, los niños se salen siempre con la suya. Toma, como los adultos. Yo soy un admirador del pediatra Carlos González (Bésame mucho; Mi niño no me come; Un regalo para toda la vida...) y me vino a la cabeza uno de los fragmentos del primero de los libros que he citado.

Aplicado a Alex vendría a ser lo siguiente: Despertamos a Alex a las siete de la mañana. Claro, Alex quisiera seguir durmiendo. De hecho, estaba durmiendo. Yo también quisiera seguir durmiendo, pero yo tengo cuarenta y tres años, y no dos. No quiere vestirse, pero le ponemos la ropa como podemos. Alex quisiera ver un poco de tele: Alex, ya es muy tarde, tenemos que irnos. En la calle desea ver con calma algún escaparate: Venga, Alejandro, vamos a perder el autobús. Nos subimos al autobús y quiere ponerse de pie en el asiento para ver un poco de mundo: Alex, siéntate que te puedes hacer daño. Llegamos al cole y hacemos la entrega a una de las profes que esperan en la entrada. Alejandro, que no quiere quedarse, se limita a mirarnos con cara compungida mientras desaparece engullido por el sistema. Bien, que alguien me diga en qué momento se ha salido con la suya...

El asunto es que me planteé si realmente es tan necesaria la educación a una edad tan temprana. Yo creo que no, pero es la sociedad y nuestras necesidades, la de los adultos, no la de los niños, la que nos empujan a llevarlos al cole coincidiendo, precisamente, con el principio del fin.